miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos? P. IV



Había dejado en un momento bastante crucial en esta historia: cuando noté que él no había bajado a cenar con todos, de manera que seguiré con mi esquema anterior…

En realidad no sé por qué creí que bajaría, yo sabía quién era y era lógico que quisiese comer en su habitación. Lamentablemente yo no me encargo de eso y no tenía excusa alguna como para sugerir que yo llevase la comida a los huéspedes que pagaban por ese servicio.
Vanessa se percató de esto (nunca voy a dejar de agradecerte amiga mía) y como ella sí es responsable de la entrega de comida en las habitaciones me pidió que la acompañase. Olga, como siempre, nos preguntó por qué íbamos las dos si mi tarea era quedarme en el comedor, pero Sol logró desviar el cuestionamiento y le sugirió que, como gran responsable del hotel, ella también podría acercarse a los huéspedes. Pareció agradarle esta propuesta porque sin ninguna protesta volvió sobre sus pasos y desapareció  detrás de las cortinas del comedor.  
No sé cómo me contuve de dar los típicos saltitos adolescentes de festejo pero, cuando me di cuenta que estaba subiendo las escaleras y que me dirigía hacia la habitación 08, mis piernas se convirtieron en gelatina y mis manos comenzaron a temblar de forma incontrolable.
Fue en ese momento en el que noté que mi compañera no tenía ningún plato de comida en la mano:
-Vane…¿por qué no llevás comida?- le pregunté parándome en seco en la mitad del pasillo
-Porque no pidió nada todavía, vamos a preguntarle si quiere algo…
-Eso es incorrecto, es molestar…no quiero
-No es incorrecto, cuando alguien no cena yo, por políticas del hotel, tengo que acercarme y preguntarle…desde la puerta; estaría mal que entrase con diez platos y lo obligase a elegir.
Me convenció, como hizo y hace siempre, y continuamos caminando.
Toc toc toc. Estaba por salir corriendo: realmente no quería estar ahí, no me encontraba preparada, me había olvidado hasta cómo decir “hola” en inglés y Sol me sujetaba el brazo con fuerza.
Alguien se acercaba y me dieron ganas de orinar, sufrí mucho ese momento ya que veía por debajo de la puerta una sombra que se aproximaba y no sabía con certeza si sería él…
- ¿Si? – una voz femenina, miré con insistencia a Vane que se encargó de ser nuestra voz.
-Buenas noches ¿habla español?
-Sí, ¿quién es?
-Soy Vanessa Hutson, empleada del hotel, ¿con quién tengo el gusto de hablar?
Realmente siempre admiré la soltura que tiene para conversar con cualquier persona, en toda situación aparenta una frescura envidiable que la hace más agradable. Yo seguía sin emitir sonido.
-Francesca Marino, soy traductora ¿qué necesita?
-Disculpe señorita Marino, ¿podría yo pasar? Le daré todas las explicaciones que quiera pero me es un poco incómodo con una puerta en el medio…estoy con la subgerente Mara Barloz.
-Aguarde unos minutos por favor.
Sé que parece descabellado pero en ese momento pensé que era una amante o algo por el estilo y no me agradaba que me hiciera esperar.
Admito que cuando escuché el pestillo girar estuve a punto de desmayarme. Mil imágenes y situaciones visitaron mi mente en menos de un segundo: él recostado en la cama, él saliendo del baño con una mirada confusa, él ordenando su ropa mientras hablaba con alguien por teléfono o, la peor de todas, él al lado de Francesca demostrando un vínculo especial.
Nada de esto ocurrió en realidad porque no lo veía por ningún lado. ¿Dónde podía estar? La habitación tenía una única ventana con salida a un patio interno, no era lógico escaparse por allí para evitar la entrada principal del hotel. Yo continuaba enmudecida y Vanessa me dio un golpe en el costado con su codo para que por lo menos me presentase:
- Buenas noches, soy Mara, subgerente del hotel Elegante Utopía.
-Un placer conocerla, yo soy Francesa Marino, traductora de… ¿sabe quién se aloja aquí?
-Claro que sí. Es el motivo por el que vine. Quiero agradecerle por elegirnos y comunicarle la entera disposición de todo el cuerpo de empleados del hotel. – Sí, realmente fui muy informal pero no podía articular palabras muy arcaicas que demostraran mis estudios. Por fortuna a Francesca no le importó en absoluto porque sonrió y se dirigió a Vanessa:
-Y usted señorita Hutson…
-Yo soy la jefa del departamento de servicio de habitación. Un placer conocerla…
-¿Usted únicamente es traductora? – no me contuve: ¡por qué preguntaba tantas cosas si ella no era un guardaespaldas!
-Sí. Sus guardaespaldas están en las habitaciones adjuntas, pero tienen la norma de que si yo no les aviso no deben estar con él. ¿No lo sabía?
-No, eso no. Gracias por informarme.
-Bien, son tres: dos en este piso y uno en el piso de arriba. No vino con nadie más.
-Nuevamente le agradezco la información que nos brinda, ¿ahora dónde se encuentra? – en este momento era Vanessa la que permanecía en silencio y seguro disfrutaba verme intentar disimular mi ansiedad.
-Está en el baño. Me dijo que si entraba alguien que lo esperaran ¿Es esto posible?
-Por supuesto, mientras tanto podríamos conversar acerca de horarios y demás costumbres, para no tocar la puerta constantemente.
-Yo tengo que retirarme Mara, debo seguir con mi labor. Con su permiso- y Vanessa me abandonó.
-Él vino a relajarse así que los únicos horarios que tiene son, por ejemplo, los de funciones de teatro. Le avisaremos cuando salgamos del hotel. Esta es mi tarjeta, tiene mi número de teléfono celular ¿podría darme el suyo?- y se lo anoté en el reverso de otra tarjeta (yo no tengo una de esas, debería).- Escuché la puerta del baño, con permiso, iré a avisarle que usted está aquí. 

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