Había dejado
en un momento bastante crucial en esta historia: cuando noté que él no había
bajado a cenar con todos, de manera que seguiré con mi esquema anterior…
En realidad no
sé por qué creí que bajaría, yo sabía quién era y era lógico que quisiese comer
en su habitación. Lamentablemente yo no me encargo de eso y no tenía excusa
alguna como para sugerir que yo llevase la comida a los huéspedes que pagaban
por ese servicio.
Vanessa se
percató de esto (nunca voy a dejar de agradecerte amiga mía) y como ella sí es
responsable de la entrega de comida en las habitaciones me pidió que la
acompañase. Olga, como siempre, nos preguntó por qué íbamos las dos si mi tarea
era quedarme en el comedor, pero Sol logró desviar el cuestionamiento y le
sugirió que, como gran responsable del hotel, ella también podría acercarse a
los huéspedes. Pareció agradarle esta propuesta porque sin ninguna protesta
volvió sobre sus pasos y desapareció
detrás de las cortinas del comedor.
No sé cómo me
contuve de dar los típicos saltitos adolescentes de festejo pero, cuando me di
cuenta que estaba subiendo las escaleras y que me dirigía hacia la habitación
08, mis piernas se convirtieron en gelatina y mis manos comenzaron a temblar de
forma incontrolable.
Fue en ese
momento en el que noté que mi compañera no tenía ningún plato de comida en la
mano:
-Vane…¿por qué
no llevás comida?- le pregunté parándome en seco en la mitad del pasillo
-Porque no
pidió nada todavía, vamos a preguntarle si quiere algo…
-Eso es
incorrecto, es molestar…no quiero
-No es
incorrecto, cuando alguien no cena yo, por políticas del hotel, tengo que
acercarme y preguntarle…desde la puerta; estaría mal que entrase con diez
platos y lo obligase a elegir.
Me convenció,
como hizo y hace siempre, y continuamos caminando.
Toc toc toc. Estaba por salir corriendo:
realmente no quería estar ahí, no me encontraba preparada, me había olvidado
hasta cómo decir “hola” en inglés y Sol me sujetaba el brazo con fuerza.
Alguien se
acercaba y me dieron ganas de orinar, sufrí mucho ese momento ya que veía por
debajo de la puerta una sombra que se aproximaba y no sabía con certeza si
sería él…
- ¿Si? – una
voz femenina, miré con insistencia a Vane que se encargó de ser nuestra voz.
-Buenas noches
¿habla español?
-Sí, ¿quién
es?
-Soy Vanessa
Hutson, empleada del hotel, ¿con quién tengo el gusto de hablar?
Realmente
siempre admiré la soltura que tiene para conversar con cualquier persona, en
toda situación aparenta una frescura envidiable que la hace más agradable. Yo
seguía sin emitir sonido.
-Francesca
Marino, soy traductora ¿qué necesita?
-Disculpe
señorita Marino, ¿podría yo pasar? Le daré todas las explicaciones que quiera
pero me es un poco incómodo con una puerta en el medio…estoy con la subgerente
Mara Barloz.
-Aguarde unos
minutos por favor.
Sé que parece
descabellado pero en ese momento pensé que era una amante o algo por el estilo
y no me agradaba que me hiciera esperar.
Admito que
cuando escuché el pestillo girar estuve a punto de desmayarme. Mil imágenes y
situaciones visitaron mi mente en menos de un segundo: él recostado en la cama,
él saliendo del baño con una mirada confusa, él ordenando su ropa mientras
hablaba con alguien por teléfono o, la peor de todas, él al lado de Francesca
demostrando un vínculo especial.
Nada de esto
ocurrió en realidad porque no lo veía por ningún lado. ¿Dónde podía estar? La
habitación tenía una única ventana con salida a un patio interno, no era lógico
escaparse por allí para evitar la entrada principal del hotel. Yo continuaba
enmudecida y Vanessa me dio un golpe en el costado con su codo para que por lo
menos me presentase:
- Buenas
noches, soy Mara, subgerente del hotel Elegante
Utopía.
-Un placer
conocerla, yo soy Francesa Marino, traductora de… ¿sabe quién se aloja aquí?
-Claro que sí.
Es el motivo por el que vine. Quiero agradecerle por elegirnos y comunicarle la
entera disposición de todo el cuerpo de empleados del hotel. – Sí, realmente
fui muy informal pero no podía articular palabras muy arcaicas que demostraran
mis estudios. Por fortuna a Francesca no le importó en absoluto porque sonrió y
se dirigió a Vanessa:
-Y usted
señorita Hutson…
-Yo soy la
jefa del departamento de servicio de habitación. Un placer conocerla…
-¿Usted
únicamente es traductora? – no me contuve: ¡por qué preguntaba tantas cosas si
ella no era un guardaespaldas!
-Sí. Sus
guardaespaldas están en las habitaciones adjuntas, pero tienen la norma de que
si yo no les aviso no deben estar con él. ¿No lo sabía?
-No, eso no.
Gracias por informarme.
-Bien, son
tres: dos en este piso y uno en el piso de arriba. No vino con nadie más.
-Nuevamente le
agradezco la información que nos brinda, ¿ahora dónde se encuentra? – en este
momento era Vanessa la que permanecía en silencio y seguro disfrutaba verme
intentar disimular mi ansiedad.
-Está en el
baño. Me dijo que si entraba alguien que lo esperaran ¿Es esto posible?
-Por supuesto,
mientras tanto podríamos conversar acerca de horarios y demás costumbres, para
no tocar la puerta constantemente.
-Yo tengo que
retirarme Mara, debo seguir con mi labor. Con su permiso- y Vanessa me
abandonó.
-Él vino a
relajarse así que los únicos horarios que tiene son, por ejemplo, los de
funciones de teatro. Le avisaremos cuando salgamos del hotel. Esta es mi
tarjeta, tiene mi número de teléfono celular ¿podría darme el suyo?- y se lo
anoté en el reverso de otra tarjeta (yo no tengo una de esas, debería).-
Escuché la puerta del baño, con permiso, iré a avisarle que usted está aquí.
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