viernes, 7 de marzo de 2014

El dulce sabor de una mujer exquisita

Si aún no ha pasado el bisturí por tu piel, 
si no tienes implantes de silicona en alguna parte de tu cuerpo, 
si los gorditos no te generan trauma, si nunca has sufrido de anorexia, 
si tu estatura no afecta tu desarrollo personal, 
si cuando vas a la playa prefieres divertirte en el mar y no estar sobre una toalla durante horas, 
si crees que la fidelidad sí es posible y la practicas, 


si sabes cómo se prepara un arroz, 
si puedes preparar un almuerzo completo, 
si tu prioridad no es ser rubia a como de lugar, 
si no te levantas a las 4:00 a.m. para poder alcanzar a hacerte el blower, 
si puedes salir con saco de sudadera tranquila a la calle un domingo sin una gota de maquillaje en el rostro... 
Estás en vía de extinción... ¡Bienvenida! 

Una mujer exquisita no es aquella que más hombres tiene a sus pies, si no aquella que tiene uno solo que la hace realmente feliz. 
Una mujer hermosa no es la más joven, ni la más flaca, ni la que tiene el cutis más terso o el cabello más llamativo, es aquella que con tan sólo una franca y abierta sonrisa y un buen consejo puede alegrarte la vida. 
Una mujer valiosa no es aquella que tiene más títulos, ni más cargos académicos, es aquella que sacrifica su sueño temporalmente por hacer felices a los demás. 
Una mujer exquisita no es la más ardiente (aunque si me preguntan a mí, todas las mujeres son muy ardientes...Los que estamos fuera de foco somos los hombres) sino la que vibra al hacer el amor solamente con el hombre que ama. 

Una mujer interesante no es aquella que se siente halagada al ser admirada por su belleza y elegancia, es aquella mujer firme de carácter que puede decir NO. 

Y un hombre... Un hombre exquisito es aquel que valora a una mujer así... 

Que se siente orgulloso de tenerlacomo compañera. 
Que sabe tocarla como un músico virtuosísimo toca su amado instrumento. 
Que lucha a su lado compartiendo todos sus roles, desde lavar platos y atender tripones, hasta devolverle los masajes y cuidados que ella le prodigó antes. 
La verdad, compañeros hombres, es que las mujeres en eso de ser Muy Machas nos llevan gran recorrido... 
¡Qué tontos hemos sido -y somos- cuando valoramos el regalo solamente por la vistosidad de su empaque... 
¡Tonto y mil veces tonto el hombre que come mierda en la calle, 
teniendo un exquisitito manjar en casa!



Gabriel García Márquez 


viernes, 28 de febrero de 2014

¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos? P.V


Claro, ¿para que no salga en ropa interior? No, por favor, qué cosas pensaba. Estaba terriblemente celosa y no tenía razón alguna. Tardaron dos minutos, pero para mí fueron dos horas ¿qué le diría? ¿Hablaría algo en inglés para demostrar que me defendía en el idioma? No, para qué, estaba Francesca. ¿Sería simpático o me miraría insinuando que molestaba? Todas estas dudas se aclararon cuando apareció:
-Hi, how are you?- me extendió su mano con una sonrisa en el rostro y yo por dentro me moría por gritar, pero tenía que aparentar ser una persona respetable y centrada en su labor; le correspondí el saludo y estuve, nuevamente, a punto de desmayarme al sentirlo en mi piel.
-Fine, thanks, and you? –sí, utilicé esa frase trillada que había conservado de las conversaciones de la secundaria.
 Francesca demostraba que quería intervenir, que se había percatado que mi inglés era muy básico (espero que esto no lo registre en el Libro de Quejas); entonces, la miré sugiriendo que necesitaría de su ayuda así que dio un paso adelante y quedamos formando un triángulo. Voy a transcribir el diálogo en castellano y evitando la intervención de Francesca, por supuesto…
-Señor, ella es Mara Barloz. Es subgerente. Vino para agradecer que haya elegido este hotel y comunicarle que los empleados se encuentran a su entera disposición.
-La conozco, creí que siempre estaría en la recepción...un placer conocerla. Usted me reconoció rápidamente…
-Sí, así que no hace falta que me explique quién es. Mi lugar de trabajo es en planta baja: sea en la recepción, observando la cocina o el comedor. Cualquier cosa que necesite o me avisa a mí directamente o a alguien más del hotel que en seguida lo atenderán…
-Gracias. Igualmente quiero vacaciones tranquilas, sin lujos. No quiero llamar la atención- había cambiado a un tono de voz más profundo, sentencioso y  suplicante a la vez. Me encantó:
-No hace falta que lo pida dos veces. En la mesa de luz de su dormitorio tiene los horarios de las comidas, sugerencias de espectáculos y actividades ¿Va a preferir comer en la habitación? Quiero que sepa que la mayoría de los huéspedes desayuna y cena en el hotel, pero las demás comidas no…
-Qué bueno saberlo…entonces, si estoy aquí almorzaré en el comedor, pero no voy a cenar ni desayunar con todos…Francesca se encargará de avisarle todos los días…con tiempo.
-Perfecto. Un gusto conocerlo, realmente fue una agradable sorpresa descubrirlo en la fila…una cosa más…-obviamente no me iba a ir de ahí sin, indirectamente, averiguar el vínculo que tenía él con ella- Francesca me informó sobre la disposición de sus custodios…si ella se queda en esta habitación el sillón blanco es cama también…
-Oh!- y abrió sus ojos de manera inmensa -Me había olvidado de eso. Genial, así no tiene que ir a dormir con alguno de los chicos…que tienen habitaciones sin sillón…- y me sonrió complacido.
-Me alegro haberles dado una solución. Me retiro. Que disfrute su estadía.
Francesca abrió la puerta, me agradeció la atención pero noté que no estaba muy contenta desde que mencioné el sillón-cama. O quizás estoy perseguida…
En fin, al bajar las escaleras estaba Vanessa esperándome con su abrigo puesto y mis cosas en su mano. Miré el reloj y ya eran las 22.40, Artemis ya se habría ido y yo tenía ganas de contarle todo.
Busqué a Olga mientras me colocaba mi campera y agarraba monedas para el subte y casi me tropiezo con ella que también estaba por irse. Saludamos a las mujeres que nos reemplazarían y salí mirando hacia atrás, como si alguien estuviese esperando para saludarme desde lejos.
No sólo no pasó eso sino que embestí a una persona y le tiré un ramo de flores al piso. Cuando me agaché para recogerlos me di cuenta quién era: Valentino.
Vanessa lo saludó y se presentó quebrando el silencio que se había producido. De igual manera a él no le importaba mucho y me abrazó:
-¿Cómo te fue hoy?
Realmente lo odio. No podía venir el mismo día en el que me dio un anillo poniendo en peligro mi estabilidad psíquica y saludarme como si fuésemos buenos amigos…
-Bien, gracias. No sé qué haces acá Valentino
-Disculpen, Mari te espero más allá ¿si? – me apretó el brazo como diciendo “voy a estar cerca” y se alejó un metro hacia la esquina.
-Ella es Vanessa ¿no? Siempre describiste bien a las personas…vine a buscarte, hace una hora te estoy esperando ¿vamos a cenar?
-No. Valentino me parece que te olvidás todo lo que pasamos y no tenés en cuenta lo que pude haber pasado. Así que por favor, ya que no sos consciente te explico: no quiero que seas amable conmigo, no quiero que intentes conquistarme como si no me conocieras. No me pases a buscar ni me llames todos los días. No me persigas, alejate que una vez lo hiciste bien – lo miré a los ojos con toda la rabia que podían expresar y le tiré las flores al piso – Una lástima. Eran lindas. –y me fui.
Por suerte entendió el mensaje y no me siguió. Tampoco me giré a verlo así que no sé qué hizo después. Yo viajé con Vanessa hasta casa, la invité a cenar y ahora está ordenando mi ropa. Todavía no pudimos hablar de todo lo que tenemos que conversar, pero primero voy a llamar a Arty.


Día 3

Hoy es viernes. Vanessa se quedó en casa a dormir, a mi mamá mucho no le gusta porque todavía tiene dudas acerca de lo que pasó esos dos meses en los que viví con ella. A mí me importa poco, me hace bien y listo. Hablamos toda la noche y Valentino ocupó el 95% de las conversaciones.
Vanessa lo detesta porque dice que es “poco hombre”, pero descubrimos algo: es el ex de una amiga suya y esa relación terminó por decisión de la chica, Valentino la persiguió un mes y medio aproximadamente hasta que logró comprender que ella no estaba interesada.
Ruego para que eso no me pase a mí y mi único motivo es que me hace mal que intente seducirme como hizo una vez, haciendo las mismas cosas como si el hecho de abandonarme no hubiese existido nunca.
Lloré bastante por la impotencia que me genera toda mi situación. Yo debería estar feliz porque en el hotel, mi lugar de trabajo, puedo ser feliz; pero Valentino apareciendo arruina todo y no puedo disfrutar las cosas buenas que me pasan.
Ayer, mientras mi amiga se bañaba, hablé con Artemis, le conté quién se alojaba en el hotel y él ya estaba enterado. No entendía mi euforia y alegría y le tuve que explicar un poco mi infancia. Se rió de mí y conmigo, me contó chismes de la cocina y dejó para el final lo más importante: había visto a Valentino. Más específicamente, mi ex se tropezó con Artemis que salía para ir a comprar algo y esperarme fuera en la vereda de enfrente. Así que fue testigo de toda la escena. Este es un fragmento que recuerdo de la charla:
-Mar, me golpeó tu novio…
-¿Mi qué? …
-Un chico que te esperaba en la puerta con un ramo de flores, no sabía a quién esperaba hasta que saliste…
-No es mi novio nene. Es Valentino…
-Lo sé. Vi y escuché todo. Me crucé a lo de Amelia para comprarles un chocolate a vos y a Vane, es la semana de la dulzura viste…y nada, no me vio, no sé…pero salió de su auto y me llevó puesto.
-Es un bruto. No lo hizo a propósito igual.
-No, bah, no me conoce…no tendría por qué. Entonces… cuando vi que salías me di cuenta que te estaba esperando a vos. Me quedé viendo, perdona…pero estaba molesto porque creí que estabas saliendo con alguien y no me habías contado…
-Sos un tonto…
-Seguro, pero ¿vos estás bien?
-Sí, Arty. Estoy enojada porque me irrita que aparezca como un galán cuando en realidad no es un hombre con todas las letras…pero  ¿por qué no te cruzaste? Vino Vane y se quedó en casa, se está bañando ahora.
-Porque me pareció que estaba de más. Me comí los chocolates…mandale un beso a Vanessa.
-Por supuesto. Cuando se casen quiero ser la madrina.
-¿Cuándo se case quién? ¿Estás loca vos? Me parece que no te hace bien tu “plus” en el hotel...
-Bueno, está bien…falta. Pero vas a ver que tengo la razón Artemis. Van a terminar juntos y yo sola tejiendo…
-Nunca vas a estar sola, no te voy a… no te vamos a dejar nunca. Me voy a dormir Mar, nos vemos mañana. La próxima que aparezca el rugbier ése…le rayo el auto.
-No es rugbier, pero rayale el auto. Que descanses, soñá conmigo.


Artemis me hace realmente bien, siento que puedo decirle cualquier cosa y no se mezcla nuestra relación. El hecho de decirle que sueñe conmigo no nos afecta para nada y, luego de colgar, me sentía más relajada. 

viernes, 15 de marzo de 2013

Benedetti ilustrado por Liniers


Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad. Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.
Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de sí, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.
Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
A estos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía, contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni cómo lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.
La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, el arrepentimiento y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.
Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mí, me doy por bien retribuido.



viernes, 26 de octubre de 2012

"Es un monstruo. Un completo psicópata."


The silent of the lambs (El silencio de los inocentes)- Thomas Harris

Publicado en el año 1988, The silent of the lambs –o conocido en Hispanoamérica como El silencio de los inocentes- es parte de una trilogía que había comenzado siete años antes con “Dragón rojo”. Allí, Thomas Harris coloca como personaje principal a Francis Dolarhyde: un criminal con un desdoblamiento de personalidad tal que cree que una pintura de William Blake ("El gran dragón rojo y la mujer vestida en sol”) es su otro yo.
De esta manera encontramos al doctor Hannibal Lecter en un plano secundario, como un psicópata encerrado en una prisión a quien acude Will Graham -un agente del FBI  responsable de su captura- para encontrar y apresar al asesino de dos familias, Francis Dolarhyde.
En The silent of the lambs nuevamente “Hannibal el caníbal” es utilizado por el FBI para que la aprendiz Clarice Starling logre identificar un nuevo asesino conocido como “Buffalo Bill” y dar con su paradero:
"- Ten mucho cuidado con Hannibal Lecter. El Dr. Chilton repasará todos los procedimientos físicos que se usan con él. No te desvíes de ellos por ningún motivo y no le digas nada personal, Starling. Créeme, no quieres a Hannibal Lecter dentro de tu cabeza. Sólo haz tu trabajo. Nunca olvides lo que es. - Y ¿qué es? - Es un monstruo. Un completo psicópata."
Este fragmento es uno de los más intensos de la novela, ya que aún la valiente y decidida joven Starling no ha visitado al doctor Lecter y, pese a que conoce sus crímenes caníbales, toda persona con la que se cruza en el camino a la celda no deja de darle indicaciones que la incomodan.
Lo interesante de la obra, además del desarrollo de la persecución del criminal, es la relación que establece Clarice con Lecter.
La agente Starling, para contar con la ayuda del psicoanalista criminal Hannibal, debe contarle experiencias personales que hayan impactado en su vida y dejarse “analizar” por él (“Si yo la ayudo, Clarice, usted y yo nos turnaremos. Quid pro quo. Yo le digo cosas, usted me dice cosas. No sobre este caso, por supuesto, cosas sobre usted. Quid pro quo ¿sí o no?”). Gracias a esto, Lecter revela traumas de la infancia de Clarice y logra desestabilizarla por momentos.
Por otro lado, Hannibal también cumple su parte del acuerdo y le otorga información del perfil de “Buffalo Bill”, no sin antes obligar a la aprendiz del FBI a reflexionar y llegar a sus propias conclusiones.
Thomas Harris no permite que el lector se separe del libro, ya que cada capítulo encierra una historia que se relaciona con el delincuente apodado “Buffalo Bill” y el personaje principal por excelencia, el doctor Hannibal Lecter, encierra tanto misterio como erudición en sí mismo que es capaz de despertar diferentes apreciaciones entre los que leyeron sus diálogos con Clarice, el doctor Chilton, la senadora o el enfermero Barney.
The silent of the lambs se estrenó en el cine en 1991 con Anthony Hopkins como Hannibal Lecter y Juliane Moore caracterizando a Clarice Starling.  Fue la tercera película en obtener los cinco principales premios de la Academia: Óscar a la mejor película, Óscar al mejor director, Óscar al mejor actor, Óscar a la mejor actriz, y el Óscar al mejor guion adaptado.

miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos? P. IV



Había dejado en un momento bastante crucial en esta historia: cuando noté que él no había bajado a cenar con todos, de manera que seguiré con mi esquema anterior…

En realidad no sé por qué creí que bajaría, yo sabía quién era y era lógico que quisiese comer en su habitación. Lamentablemente yo no me encargo de eso y no tenía excusa alguna como para sugerir que yo llevase la comida a los huéspedes que pagaban por ese servicio.
Vanessa se percató de esto (nunca voy a dejar de agradecerte amiga mía) y como ella sí es responsable de la entrega de comida en las habitaciones me pidió que la acompañase. Olga, como siempre, nos preguntó por qué íbamos las dos si mi tarea era quedarme en el comedor, pero Sol logró desviar el cuestionamiento y le sugirió que, como gran responsable del hotel, ella también podría acercarse a los huéspedes. Pareció agradarle esta propuesta porque sin ninguna protesta volvió sobre sus pasos y desapareció  detrás de las cortinas del comedor.  
No sé cómo me contuve de dar los típicos saltitos adolescentes de festejo pero, cuando me di cuenta que estaba subiendo las escaleras y que me dirigía hacia la habitación 08, mis piernas se convirtieron en gelatina y mis manos comenzaron a temblar de forma incontrolable.
Fue en ese momento en el que noté que mi compañera no tenía ningún plato de comida en la mano:
-Vane…¿por qué no llevás comida?- le pregunté parándome en seco en la mitad del pasillo
-Porque no pidió nada todavía, vamos a preguntarle si quiere algo…
-Eso es incorrecto, es molestar…no quiero
-No es incorrecto, cuando alguien no cena yo, por políticas del hotel, tengo que acercarme y preguntarle…desde la puerta; estaría mal que entrase con diez platos y lo obligase a elegir.
Me convenció, como hizo y hace siempre, y continuamos caminando.
Toc toc toc. Estaba por salir corriendo: realmente no quería estar ahí, no me encontraba preparada, me había olvidado hasta cómo decir “hola” en inglés y Sol me sujetaba el brazo con fuerza.
Alguien se acercaba y me dieron ganas de orinar, sufrí mucho ese momento ya que veía por debajo de la puerta una sombra que se aproximaba y no sabía con certeza si sería él…
- ¿Si? – una voz femenina, miré con insistencia a Vane que se encargó de ser nuestra voz.
-Buenas noches ¿habla español?
-Sí, ¿quién es?
-Soy Vanessa Hutson, empleada del hotel, ¿con quién tengo el gusto de hablar?
Realmente siempre admiré la soltura que tiene para conversar con cualquier persona, en toda situación aparenta una frescura envidiable que la hace más agradable. Yo seguía sin emitir sonido.
-Francesca Marino, soy traductora ¿qué necesita?
-Disculpe señorita Marino, ¿podría yo pasar? Le daré todas las explicaciones que quiera pero me es un poco incómodo con una puerta en el medio…estoy con la subgerente Mara Barloz.
-Aguarde unos minutos por favor.
Sé que parece descabellado pero en ese momento pensé que era una amante o algo por el estilo y no me agradaba que me hiciera esperar.
Admito que cuando escuché el pestillo girar estuve a punto de desmayarme. Mil imágenes y situaciones visitaron mi mente en menos de un segundo: él recostado en la cama, él saliendo del baño con una mirada confusa, él ordenando su ropa mientras hablaba con alguien por teléfono o, la peor de todas, él al lado de Francesca demostrando un vínculo especial.
Nada de esto ocurrió en realidad porque no lo veía por ningún lado. ¿Dónde podía estar? La habitación tenía una única ventana con salida a un patio interno, no era lógico escaparse por allí para evitar la entrada principal del hotel. Yo continuaba enmudecida y Vanessa me dio un golpe en el costado con su codo para que por lo menos me presentase:
- Buenas noches, soy Mara, subgerente del hotel Elegante Utopía.
-Un placer conocerla, yo soy Francesa Marino, traductora de… ¿sabe quién se aloja aquí?
-Claro que sí. Es el motivo por el que vine. Quiero agradecerle por elegirnos y comunicarle la entera disposición de todo el cuerpo de empleados del hotel. – Sí, realmente fui muy informal pero no podía articular palabras muy arcaicas que demostraran mis estudios. Por fortuna a Francesca no le importó en absoluto porque sonrió y se dirigió a Vanessa:
-Y usted señorita Hutson…
-Yo soy la jefa del departamento de servicio de habitación. Un placer conocerla…
-¿Usted únicamente es traductora? – no me contuve: ¡por qué preguntaba tantas cosas si ella no era un guardaespaldas!
-Sí. Sus guardaespaldas están en las habitaciones adjuntas, pero tienen la norma de que si yo no les aviso no deben estar con él. ¿No lo sabía?
-No, eso no. Gracias por informarme.
-Bien, son tres: dos en este piso y uno en el piso de arriba. No vino con nadie más.
-Nuevamente le agradezco la información que nos brinda, ¿ahora dónde se encuentra? – en este momento era Vanessa la que permanecía en silencio y seguro disfrutaba verme intentar disimular mi ansiedad.
-Está en el baño. Me dijo que si entraba alguien que lo esperaran ¿Es esto posible?
-Por supuesto, mientras tanto podríamos conversar acerca de horarios y demás costumbres, para no tocar la puerta constantemente.
-Yo tengo que retirarme Mara, debo seguir con mi labor. Con su permiso- y Vanessa me abandonó.
-Él vino a relajarse así que los únicos horarios que tiene son, por ejemplo, los de funciones de teatro. Le avisaremos cuando salgamos del hotel. Esta es mi tarjeta, tiene mi número de teléfono celular ¿podría darme el suyo?- y se lo anoté en el reverso de otra tarjeta (yo no tengo una de esas, debería).- Escuché la puerta del baño, con permiso, iré a avisarle que usted está aquí. 

miércoles, 27 de junio de 2012

¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos? P. III



En este punto de la narración voy a explicar un poco mi vida personal, un poco porque lo realmente relevante es lo que vendrá luego de percatarme de la ausencia de mi “alguien”.
Nací en Argentina un 23 de Noviembre de 1991 con un núcleo familiar bastante extenso: vivía con mis padres, ambos amantes de la hotelería, mis tres hermanas mayores (tengo tres hermanos mayores más pero dos viven en el exterior y otro ya está casado) y mi abuela Kala.
Nuestra casa era hermosa e inmensa, cada uno tenía su habituación exceptuando a dos de mis hermanas – Gabriela y Pía- que lo compartían porque al ser mellizas, según ellas, no podían dormir en lugares diferentes. Yo en mi niñez había optado por decorar el sótano y hacerlo mi habitación, pero a medida que fui creciendo entendí que no tenía nada de atractivo y que me  gustaba mucho más el ático, así que en este momento de la crónica dormía en la parte más alta de la casa. Me gustaba porque tenía una ventana que daba al cielo y otra a la calle; además era mi lugar, con mucho esfuerzo la había decorado a mi gusto: tenía una biblioteca con libros, fotos y carteles abrochados en una pared de corcho negro, televisión, cama de una plaza y media, un escritorio y muchos peluches en una esquina al lado de un puff violeta.
En la escuela, únicamente de mujeres, había sido una buena alumna, no ejemplar ni excelente, pero muy solitaria; por suerte nunca me afectó porque sabía que el problema no era mío sino de las demás chicas que les encantaba presumir todo lo que tenían. Mi nivel social no era bajo, habíamos heredado una cadena importante de hoteles en Latinoamérica y mis padres trabajaban mucho para darnos todo lo que queríamos. Pero a mí eso no me importaba demasiado, mis prioridades eran acumular animales en la casa, mantener orgullosa a mi familia y viajar. Sí, siempre me gustó mucho viajar, aunque alcancé mi objetivo ya adulta, de joven planeaba viajes y los escribía en un cuaderno- que aún conservo.
Cuando egresé no sabía qué carrera elegir entre todas las que me atraían así que comencé a trabajar en un hotel del señor Urizaga, socio de mi padre. Enseguida ascendí de rango ya que demostraba organización y disponibilidad para todo tipo de tareas, además de actitud y buen trato con las personas. Cómo iba a ser de otra manera, mis padres se dedicaban a supervisar hoteles y cuando visitaban los de su propiedad yo los acompañaba.
Con Valentino había comenzado a salir en tercer año y lo había conocido en una fiesta de Rubén, mi hermano varón de menor edad. No era de los chicos que más novias había tenido pero había acumulado un importante historial y yo lo despreciaba; además odiaba a los gatos y amenazaba constantemente con cocinar a uno de mis preferidos, Carbón.  Sin embargo, en la misma fiesta cambié de opinión cuando se acercó a mí con mi mascota y comenzamos una charla que duró toda la noche.
Al otro día Valentino me llamó a la mañana, me invitó al zoológico y después a cenar; en un primer momento creí que yo iba a ser una de sus novias que habían sufrido por su ciclotimia, pero los primeros meses demostró ser un caballero y un chico muy dulce.
Al año ya estaba completamente enamorada de él: nos divertíamos mucho, me comprendía como pocas personas lo habían hecho en mi corta vida y era capaz de todo por mí. Hasta que en el aniversario del tercer año le planteé que sospechaba que íbamos a ser papás. Desapareció. Se lo había dicho en mi casa, pasó todo el día conmigo pero a la noche tuvo que volverse (vivía en Belgrano) y después de eso dejó de llamarme, no respondía mis mensajes y no me visitaba. El amor que en algún momento había sentido se había transformado en un odio profundo y en una desilusión que aumentaba cada segundo que pasaba, y lo peor era que ese desprecio también lo sentía por el supuesto bebé.
Los primeros meses estaba sumida en una angustia incontrolable. Gracias a Dios, Vanessa apareció en mi vida y fue un gran sostén, por no decir el único, ya que mis hermanas estaban muy ocupadas para mí, a mis padres no quería decírselo, menos a mi abuela y el único lazo fuerte familiar que tenía era Darío, que en ese momento estaba en Europa escalando y no tenía forma de comunicación. Darío siempre fue un gran amigo, es el segundo hijo más grande y nunca me dejó sola, es más, cuando viajaba a la primera que llamaba era a mí y siempre me traía algo de sus viajes. Él nunca había confiado en Valentino, decía que era un chico genial para una relación sin responsabilidad, pero que si en algún momento ocurría algo que demandara madurez, no serviría. Tenía razón.
En fin, iba a trabajar llorando y me iba llorando. Viví dos meses con Vanessa en su departamento, cosa que me hacía muy feliz ya que ella me dejaba llorar tranquila, me escuchaba, me retaba y luego me hacía reír. Además, no había hecho lo que otra chica sí hizo: comprarme ropa de bebé y enviármela a casa. La razón la comprendí después y era bastante obvia, pero en ese momento no estaba muy lúcida, la chica estaba enamorada de Valentino y había sido su última novia antes que yo.
Cuando volví a casa la tristeza había cambiado por una frialdad notable, no me importaba nada, ni los animales. Preocupé a mi familia ya que creían que Vanessa era una mala influencia y me estaba drogando o algo así, discutí con ellos, regresé con mi amiga y volví al otro día a mi casa. La explicación que di fue que Valentino me había abandonado sin razón y parecieron comprenderme porque me abrazaron, me consolaron y me dejaron en paz, ni siquiera me preguntaron por qué había regresado después de dos meses…
Como dije antes, en un primer momento lloraba casi las veinticuatro horas del día excepto cuando Olga me vigilaba, ya que nunca demostró ser una mujer comprensiva con los problemas personales de los empleados del hotel. Sin embargo, y a medida que pasaban los meses y yo notaba que en realidad no iba a tener que darle explicaciones a un hijo no querido, fui abriéndome más y me acerqué mucho a un cocinero llamado Amín. Él odiaba su nombre, de manera que todos lo llamaban por su segundo nombre (Sebastián), pero yo no lo recordaba y terminé generando un sobrenombre que parecía de mujer (él nunca se quejó): An.
Este muchacho era de mi misma edad y muy tímido: bastaba acercarse y expresarle la opinión positiva de los comensales para que enseguida sus mejillas tornaran a un color rosado y sus ojos no pudiesen levantar la vista del piso. Este retraimiento eclipsaba su atractivo físico ya que parecía que lo obligaba a mantenerse encorvado y a no dejar que la gente descubriese el color negro profundo de sus ojos. Me superaba en altura pero no mucho y su espalda informaba de un anterior entrenamiento, al igual que sus brazos; usaba el pelo castaño claro corto casi al ras por cuestión de higiene y porque si dejaba que creciera mucho más tendría  “rulos muy marcados e incontrolables” (una expresión que utilizó él para definir su cabellera).
Lo que más me llamaba la atención era su voz. Una voz profunda y grave, que calaba los huesos si te tomaba por sorpresa pero que no dejaba de ser dulce y amable. A mí me encantaba y me esforzaba todos los días por oírla pronunciar más de cinco palabras.
Si creen que me enamoré de él, que fue una especie de salvación, se equivocan. Nunca coqueteó conmigo – aunque me enteré después que se había enamorado profunda y rápidamente de mí-, y nuestra relación la entendíamos sólo nosotros: nos llamábamos todos los días, me llevaba a mi casa siempre que podía, cada vez que nuestras miradas se cruzaban surgía una sonrisa en ambos rostros y en toda posible oportunidad nos abrazábamos o caminábamos de la mano. Aún así, nunca habíamos puesto ningún título de nada, éramos dos amigos que se contenían y se expresaban el afecto que el otro necesitaba. En realidad no era tan difícil comprenderlo ya que yo tenía el corazón destrozado, no guardaba ilusiones amorosas futuras y él era la primera vez que tenía oportunidad de cambiarse la remera delante de una mujer sin que las manos le temblaran y quedara en ridículo.
En fin, con él y con Vanessa pude superar con más facilidad y rapidez mi crisis “valentinesca” hasta que nuevamente quiso aparecer en mi vida y regalarme ese maldito anillo.

jueves, 17 de mayo de 2012

La memoria y el olvido


El ser humano está plagado de fenómenos abstractos por su condición espiritual, y uno de ellos es la memoria. La ciencia la define como una función del cerebro de la que se encarga el hipocampo y que permite evocar información del pasado.
Si nos proponemos detallar aún más qué es lo que podríamos encontrar si fuera una especie de caja y la abriésemos, encontraríamos olores, sabores, imágenes, sonidos y por qué no: sensaciones ante algún estímulo, emociones y sentimientos. La memoria abarca a todo el ser humano, es su identidad.
Cuando nos presentamos ante alguien la ejercitamos sin percatarnos de ello: nos acordamos de nuestro nombre, de nuestra edad, profesión, estudios, y cualquier dato del que dependa la conversación; es decir, si nos encontramos conociendo alguna amistad de un integrante de nuestra familia tomamos de la memoria el vínculo que nos une; constantemente utilizamos la información de este centinela del cerebro, como diría William Shakespare.
Es un proceso estudiado a lo largo de los años y que, sin embargo, aún hoy es imposible explicar cómo se organiza “sola” la información que allí se alberga. Siempre estuvo allí, es natural del hombre y, sin embargo, no podemos definirla en su totalidad.
Hay quienes dicen que poseen lo que se llama “memoria selectiva” y que, a mi entender, no es más que desechar aquellas situaciones no gratas, no satisfactorias o que generan un malestar. Esto es imposible; la memoria está ligada íntimamente con nuestros sentimientos y nuestras emociones pero es arbitraria y se limita a cumplir con su misión: llenarse de toda la información que provenga del exterior o del interior de la persona (como ser reflexiones). Quitar de la memoria algún hecho o una imagen de un objeto es un trabajo arduo para nuestro cerebro y el ser humano por sí solo no es capaz de lograrlo.
Es delicioso y satisfactorio cuando recordamos rápidamente un objeto o una situación, sea porque es una imagen (sonora, visual o sensorial entre otras) reciente y la memoria la alberga en la “capa” más cercana al consciente o, por el contrario, está alojada en una de las capas más lejanas pero que guarda una significación importante para nosotros. Un ejemplo de esto último podría ser que nos acordamos de la música que sonaba en la fiesta cuando nuestra pareja nos propuso bailar. 
Sobre el tema de las “capas” de la memoria voy a detenerme lo suficiente como para que se comprenda del todo mi imagen de lo que es la memoria.
En un extremo de nuestro cerebro se encuentra la conciencia y en el otro nuestro inconsciente. La memoria sería como una esponja que roza estos dos extremos sin tocarlos y que percibe en sus lados laterales las emociones o las sensaciones que se unen a un hecho o un objeto determinado.
Sucede que cuando la información ingresa a esta esponja puede tener dos destinos: o bien se queda cerca del consciente por ser necesaria en lo cotidiano, o va atravesando las capas hasta llegar a la más próxima al inconsciente –que es la que más se resiste a “prestarnos” datos de manera inmediata-.
Pero, como toda esponja, también ocurre que algunas imágenes les ceden su lugar a otras y allí es cuando decimos que ocurre el olvido.
Desde San Agustín, que en sus Confesiones da su punto de vista de la memoria y el olvido, nos encontramos con una dificultad básica: si el olvido es la carencia de memoria, ¿cómo sabemos qué es olvido? No puede ser que lo adquiramos experimentándolo, porque si esto fuese así, lógicamente lo “olvidaríamos”. Resulta que es innato en el ser humano, como la memoria, y aún es un hecho inexplicable cómo tenemos conocimiento acerca de lo que es.
De igual manera no existe un olvido total de las cosas, solamente se alojan en la capa más cercana al inconsciente y, sólo accediendo a él, podemos rescatar la información que ni siquiera sabíamos que continuábamos albergando.
En muchas ocasiones intentamos recordar y no lo logramos hasta que pasa un tiempo, y esto se debe a que la memoria almacena de manera organizada las imágenes que a ella llegan: por un lado están los olores, los relacionados a experiencias agradables y a experiencias desagradables; las imágenes visuales, igualmente divididas; y así sucesivamente. De esta manera, el ser humano envía aquella información que le genera malestar hacia las capas más cercanas al inconsciente para no tenerlas presentes cotidianamente; aunque, también sucede que la memoria “decide” ella misma qué datos quedan en qué extremo de ella.
En resumen, la memoria es una facultad del ser humano de inmensa utilidad y complejidad, gracias a ella podemos entablar conversaciones, establecer relaciones y desarrollarnos como persona, entre otras cosas; y, el olvido, inmensamente relacionado con la memoria, significa la ausencia de ésta, a veces por un tiempo prolongado y otras con duración más breve.