viernes, 26 de octubre de 2012

"Es un monstruo. Un completo psicópata."


The silent of the lambs (El silencio de los inocentes)- Thomas Harris

Publicado en el año 1988, The silent of the lambs –o conocido en Hispanoamérica como El silencio de los inocentes- es parte de una trilogía que había comenzado siete años antes con “Dragón rojo”. Allí, Thomas Harris coloca como personaje principal a Francis Dolarhyde: un criminal con un desdoblamiento de personalidad tal que cree que una pintura de William Blake ("El gran dragón rojo y la mujer vestida en sol”) es su otro yo.
De esta manera encontramos al doctor Hannibal Lecter en un plano secundario, como un psicópata encerrado en una prisión a quien acude Will Graham -un agente del FBI  responsable de su captura- para encontrar y apresar al asesino de dos familias, Francis Dolarhyde.
En The silent of the lambs nuevamente “Hannibal el caníbal” es utilizado por el FBI para que la aprendiz Clarice Starling logre identificar un nuevo asesino conocido como “Buffalo Bill” y dar con su paradero:
"- Ten mucho cuidado con Hannibal Lecter. El Dr. Chilton repasará todos los procedimientos físicos que se usan con él. No te desvíes de ellos por ningún motivo y no le digas nada personal, Starling. Créeme, no quieres a Hannibal Lecter dentro de tu cabeza. Sólo haz tu trabajo. Nunca olvides lo que es. - Y ¿qué es? - Es un monstruo. Un completo psicópata."
Este fragmento es uno de los más intensos de la novela, ya que aún la valiente y decidida joven Starling no ha visitado al doctor Lecter y, pese a que conoce sus crímenes caníbales, toda persona con la que se cruza en el camino a la celda no deja de darle indicaciones que la incomodan.
Lo interesante de la obra, además del desarrollo de la persecución del criminal, es la relación que establece Clarice con Lecter.
La agente Starling, para contar con la ayuda del psicoanalista criminal Hannibal, debe contarle experiencias personales que hayan impactado en su vida y dejarse “analizar” por él (“Si yo la ayudo, Clarice, usted y yo nos turnaremos. Quid pro quo. Yo le digo cosas, usted me dice cosas. No sobre este caso, por supuesto, cosas sobre usted. Quid pro quo ¿sí o no?”). Gracias a esto, Lecter revela traumas de la infancia de Clarice y logra desestabilizarla por momentos.
Por otro lado, Hannibal también cumple su parte del acuerdo y le otorga información del perfil de “Buffalo Bill”, no sin antes obligar a la aprendiz del FBI a reflexionar y llegar a sus propias conclusiones.
Thomas Harris no permite que el lector se separe del libro, ya que cada capítulo encierra una historia que se relaciona con el delincuente apodado “Buffalo Bill” y el personaje principal por excelencia, el doctor Hannibal Lecter, encierra tanto misterio como erudición en sí mismo que es capaz de despertar diferentes apreciaciones entre los que leyeron sus diálogos con Clarice, el doctor Chilton, la senadora o el enfermero Barney.
The silent of the lambs se estrenó en el cine en 1991 con Anthony Hopkins como Hannibal Lecter y Juliane Moore caracterizando a Clarice Starling.  Fue la tercera película en obtener los cinco principales premios de la Academia: Óscar a la mejor película, Óscar al mejor director, Óscar al mejor actor, Óscar a la mejor actriz, y el Óscar al mejor guion adaptado.

miércoles, 3 de octubre de 2012

¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos? P. IV



Había dejado en un momento bastante crucial en esta historia: cuando noté que él no había bajado a cenar con todos, de manera que seguiré con mi esquema anterior…

En realidad no sé por qué creí que bajaría, yo sabía quién era y era lógico que quisiese comer en su habitación. Lamentablemente yo no me encargo de eso y no tenía excusa alguna como para sugerir que yo llevase la comida a los huéspedes que pagaban por ese servicio.
Vanessa se percató de esto (nunca voy a dejar de agradecerte amiga mía) y como ella sí es responsable de la entrega de comida en las habitaciones me pidió que la acompañase. Olga, como siempre, nos preguntó por qué íbamos las dos si mi tarea era quedarme en el comedor, pero Sol logró desviar el cuestionamiento y le sugirió que, como gran responsable del hotel, ella también podría acercarse a los huéspedes. Pareció agradarle esta propuesta porque sin ninguna protesta volvió sobre sus pasos y desapareció  detrás de las cortinas del comedor.  
No sé cómo me contuve de dar los típicos saltitos adolescentes de festejo pero, cuando me di cuenta que estaba subiendo las escaleras y que me dirigía hacia la habitación 08, mis piernas se convirtieron en gelatina y mis manos comenzaron a temblar de forma incontrolable.
Fue en ese momento en el que noté que mi compañera no tenía ningún plato de comida en la mano:
-Vane…¿por qué no llevás comida?- le pregunté parándome en seco en la mitad del pasillo
-Porque no pidió nada todavía, vamos a preguntarle si quiere algo…
-Eso es incorrecto, es molestar…no quiero
-No es incorrecto, cuando alguien no cena yo, por políticas del hotel, tengo que acercarme y preguntarle…desde la puerta; estaría mal que entrase con diez platos y lo obligase a elegir.
Me convenció, como hizo y hace siempre, y continuamos caminando.
Toc toc toc. Estaba por salir corriendo: realmente no quería estar ahí, no me encontraba preparada, me había olvidado hasta cómo decir “hola” en inglés y Sol me sujetaba el brazo con fuerza.
Alguien se acercaba y me dieron ganas de orinar, sufrí mucho ese momento ya que veía por debajo de la puerta una sombra que se aproximaba y no sabía con certeza si sería él…
- ¿Si? – una voz femenina, miré con insistencia a Vane que se encargó de ser nuestra voz.
-Buenas noches ¿habla español?
-Sí, ¿quién es?
-Soy Vanessa Hutson, empleada del hotel, ¿con quién tengo el gusto de hablar?
Realmente siempre admiré la soltura que tiene para conversar con cualquier persona, en toda situación aparenta una frescura envidiable que la hace más agradable. Yo seguía sin emitir sonido.
-Francesca Marino, soy traductora ¿qué necesita?
-Disculpe señorita Marino, ¿podría yo pasar? Le daré todas las explicaciones que quiera pero me es un poco incómodo con una puerta en el medio…estoy con la subgerente Mara Barloz.
-Aguarde unos minutos por favor.
Sé que parece descabellado pero en ese momento pensé que era una amante o algo por el estilo y no me agradaba que me hiciera esperar.
Admito que cuando escuché el pestillo girar estuve a punto de desmayarme. Mil imágenes y situaciones visitaron mi mente en menos de un segundo: él recostado en la cama, él saliendo del baño con una mirada confusa, él ordenando su ropa mientras hablaba con alguien por teléfono o, la peor de todas, él al lado de Francesca demostrando un vínculo especial.
Nada de esto ocurrió en realidad porque no lo veía por ningún lado. ¿Dónde podía estar? La habitación tenía una única ventana con salida a un patio interno, no era lógico escaparse por allí para evitar la entrada principal del hotel. Yo continuaba enmudecida y Vanessa me dio un golpe en el costado con su codo para que por lo menos me presentase:
- Buenas noches, soy Mara, subgerente del hotel Elegante Utopía.
-Un placer conocerla, yo soy Francesa Marino, traductora de… ¿sabe quién se aloja aquí?
-Claro que sí. Es el motivo por el que vine. Quiero agradecerle por elegirnos y comunicarle la entera disposición de todo el cuerpo de empleados del hotel. – Sí, realmente fui muy informal pero no podía articular palabras muy arcaicas que demostraran mis estudios. Por fortuna a Francesca no le importó en absoluto porque sonrió y se dirigió a Vanessa:
-Y usted señorita Hutson…
-Yo soy la jefa del departamento de servicio de habitación. Un placer conocerla…
-¿Usted únicamente es traductora? – no me contuve: ¡por qué preguntaba tantas cosas si ella no era un guardaespaldas!
-Sí. Sus guardaespaldas están en las habitaciones adjuntas, pero tienen la norma de que si yo no les aviso no deben estar con él. ¿No lo sabía?
-No, eso no. Gracias por informarme.
-Bien, son tres: dos en este piso y uno en el piso de arriba. No vino con nadie más.
-Nuevamente le agradezco la información que nos brinda, ¿ahora dónde se encuentra? – en este momento era Vanessa la que permanecía en silencio y seguro disfrutaba verme intentar disimular mi ansiedad.
-Está en el baño. Me dijo que si entraba alguien que lo esperaran ¿Es esto posible?
-Por supuesto, mientras tanto podríamos conversar acerca de horarios y demás costumbres, para no tocar la puerta constantemente.
-Yo tengo que retirarme Mara, debo seguir con mi labor. Con su permiso- y Vanessa me abandonó.
-Él vino a relajarse así que los únicos horarios que tiene son, por ejemplo, los de funciones de teatro. Le avisaremos cuando salgamos del hotel. Esta es mi tarjeta, tiene mi número de teléfono celular ¿podría darme el suyo?- y se lo anoté en el reverso de otra tarjeta (yo no tengo una de esas, debería).- Escuché la puerta del baño, con permiso, iré a avisarle que usted está aquí. 

miércoles, 27 de junio de 2012

¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos? P. III



En este punto de la narración voy a explicar un poco mi vida personal, un poco porque lo realmente relevante es lo que vendrá luego de percatarme de la ausencia de mi “alguien”.
Nací en Argentina un 23 de Noviembre de 1991 con un núcleo familiar bastante extenso: vivía con mis padres, ambos amantes de la hotelería, mis tres hermanas mayores (tengo tres hermanos mayores más pero dos viven en el exterior y otro ya está casado) y mi abuela Kala.
Nuestra casa era hermosa e inmensa, cada uno tenía su habituación exceptuando a dos de mis hermanas – Gabriela y Pía- que lo compartían porque al ser mellizas, según ellas, no podían dormir en lugares diferentes. Yo en mi niñez había optado por decorar el sótano y hacerlo mi habitación, pero a medida que fui creciendo entendí que no tenía nada de atractivo y que me  gustaba mucho más el ático, así que en este momento de la crónica dormía en la parte más alta de la casa. Me gustaba porque tenía una ventana que daba al cielo y otra a la calle; además era mi lugar, con mucho esfuerzo la había decorado a mi gusto: tenía una biblioteca con libros, fotos y carteles abrochados en una pared de corcho negro, televisión, cama de una plaza y media, un escritorio y muchos peluches en una esquina al lado de un puff violeta.
En la escuela, únicamente de mujeres, había sido una buena alumna, no ejemplar ni excelente, pero muy solitaria; por suerte nunca me afectó porque sabía que el problema no era mío sino de las demás chicas que les encantaba presumir todo lo que tenían. Mi nivel social no era bajo, habíamos heredado una cadena importante de hoteles en Latinoamérica y mis padres trabajaban mucho para darnos todo lo que queríamos. Pero a mí eso no me importaba demasiado, mis prioridades eran acumular animales en la casa, mantener orgullosa a mi familia y viajar. Sí, siempre me gustó mucho viajar, aunque alcancé mi objetivo ya adulta, de joven planeaba viajes y los escribía en un cuaderno- que aún conservo.
Cuando egresé no sabía qué carrera elegir entre todas las que me atraían así que comencé a trabajar en un hotel del señor Urizaga, socio de mi padre. Enseguida ascendí de rango ya que demostraba organización y disponibilidad para todo tipo de tareas, además de actitud y buen trato con las personas. Cómo iba a ser de otra manera, mis padres se dedicaban a supervisar hoteles y cuando visitaban los de su propiedad yo los acompañaba.
Con Valentino había comenzado a salir en tercer año y lo había conocido en una fiesta de Rubén, mi hermano varón de menor edad. No era de los chicos que más novias había tenido pero había acumulado un importante historial y yo lo despreciaba; además odiaba a los gatos y amenazaba constantemente con cocinar a uno de mis preferidos, Carbón.  Sin embargo, en la misma fiesta cambié de opinión cuando se acercó a mí con mi mascota y comenzamos una charla que duró toda la noche.
Al otro día Valentino me llamó a la mañana, me invitó al zoológico y después a cenar; en un primer momento creí que yo iba a ser una de sus novias que habían sufrido por su ciclotimia, pero los primeros meses demostró ser un caballero y un chico muy dulce.
Al año ya estaba completamente enamorada de él: nos divertíamos mucho, me comprendía como pocas personas lo habían hecho en mi corta vida y era capaz de todo por mí. Hasta que en el aniversario del tercer año le planteé que sospechaba que íbamos a ser papás. Desapareció. Se lo había dicho en mi casa, pasó todo el día conmigo pero a la noche tuvo que volverse (vivía en Belgrano) y después de eso dejó de llamarme, no respondía mis mensajes y no me visitaba. El amor que en algún momento había sentido se había transformado en un odio profundo y en una desilusión que aumentaba cada segundo que pasaba, y lo peor era que ese desprecio también lo sentía por el supuesto bebé.
Los primeros meses estaba sumida en una angustia incontrolable. Gracias a Dios, Vanessa apareció en mi vida y fue un gran sostén, por no decir el único, ya que mis hermanas estaban muy ocupadas para mí, a mis padres no quería decírselo, menos a mi abuela y el único lazo fuerte familiar que tenía era Darío, que en ese momento estaba en Europa escalando y no tenía forma de comunicación. Darío siempre fue un gran amigo, es el segundo hijo más grande y nunca me dejó sola, es más, cuando viajaba a la primera que llamaba era a mí y siempre me traía algo de sus viajes. Él nunca había confiado en Valentino, decía que era un chico genial para una relación sin responsabilidad, pero que si en algún momento ocurría algo que demandara madurez, no serviría. Tenía razón.
En fin, iba a trabajar llorando y me iba llorando. Viví dos meses con Vanessa en su departamento, cosa que me hacía muy feliz ya que ella me dejaba llorar tranquila, me escuchaba, me retaba y luego me hacía reír. Además, no había hecho lo que otra chica sí hizo: comprarme ropa de bebé y enviármela a casa. La razón la comprendí después y era bastante obvia, pero en ese momento no estaba muy lúcida, la chica estaba enamorada de Valentino y había sido su última novia antes que yo.
Cuando volví a casa la tristeza había cambiado por una frialdad notable, no me importaba nada, ni los animales. Preocupé a mi familia ya que creían que Vanessa era una mala influencia y me estaba drogando o algo así, discutí con ellos, regresé con mi amiga y volví al otro día a mi casa. La explicación que di fue que Valentino me había abandonado sin razón y parecieron comprenderme porque me abrazaron, me consolaron y me dejaron en paz, ni siquiera me preguntaron por qué había regresado después de dos meses…
Como dije antes, en un primer momento lloraba casi las veinticuatro horas del día excepto cuando Olga me vigilaba, ya que nunca demostró ser una mujer comprensiva con los problemas personales de los empleados del hotel. Sin embargo, y a medida que pasaban los meses y yo notaba que en realidad no iba a tener que darle explicaciones a un hijo no querido, fui abriéndome más y me acerqué mucho a un cocinero llamado Amín. Él odiaba su nombre, de manera que todos lo llamaban por su segundo nombre (Sebastián), pero yo no lo recordaba y terminé generando un sobrenombre que parecía de mujer (él nunca se quejó): An.
Este muchacho era de mi misma edad y muy tímido: bastaba acercarse y expresarle la opinión positiva de los comensales para que enseguida sus mejillas tornaran a un color rosado y sus ojos no pudiesen levantar la vista del piso. Este retraimiento eclipsaba su atractivo físico ya que parecía que lo obligaba a mantenerse encorvado y a no dejar que la gente descubriese el color negro profundo de sus ojos. Me superaba en altura pero no mucho y su espalda informaba de un anterior entrenamiento, al igual que sus brazos; usaba el pelo castaño claro corto casi al ras por cuestión de higiene y porque si dejaba que creciera mucho más tendría  “rulos muy marcados e incontrolables” (una expresión que utilizó él para definir su cabellera).
Lo que más me llamaba la atención era su voz. Una voz profunda y grave, que calaba los huesos si te tomaba por sorpresa pero que no dejaba de ser dulce y amable. A mí me encantaba y me esforzaba todos los días por oírla pronunciar más de cinco palabras.
Si creen que me enamoré de él, que fue una especie de salvación, se equivocan. Nunca coqueteó conmigo – aunque me enteré después que se había enamorado profunda y rápidamente de mí-, y nuestra relación la entendíamos sólo nosotros: nos llamábamos todos los días, me llevaba a mi casa siempre que podía, cada vez que nuestras miradas se cruzaban surgía una sonrisa en ambos rostros y en toda posible oportunidad nos abrazábamos o caminábamos de la mano. Aún así, nunca habíamos puesto ningún título de nada, éramos dos amigos que se contenían y se expresaban el afecto que el otro necesitaba. En realidad no era tan difícil comprenderlo ya que yo tenía el corazón destrozado, no guardaba ilusiones amorosas futuras y él era la primera vez que tenía oportunidad de cambiarse la remera delante de una mujer sin que las manos le temblaran y quedara en ridículo.
En fin, con él y con Vanessa pude superar con más facilidad y rapidez mi crisis “valentinesca” hasta que nuevamente quiso aparecer en mi vida y regalarme ese maldito anillo.

jueves, 17 de mayo de 2012

La memoria y el olvido


El ser humano está plagado de fenómenos abstractos por su condición espiritual, y uno de ellos es la memoria. La ciencia la define como una función del cerebro de la que se encarga el hipocampo y que permite evocar información del pasado.
Si nos proponemos detallar aún más qué es lo que podríamos encontrar si fuera una especie de caja y la abriésemos, encontraríamos olores, sabores, imágenes, sonidos y por qué no: sensaciones ante algún estímulo, emociones y sentimientos. La memoria abarca a todo el ser humano, es su identidad.
Cuando nos presentamos ante alguien la ejercitamos sin percatarnos de ello: nos acordamos de nuestro nombre, de nuestra edad, profesión, estudios, y cualquier dato del que dependa la conversación; es decir, si nos encontramos conociendo alguna amistad de un integrante de nuestra familia tomamos de la memoria el vínculo que nos une; constantemente utilizamos la información de este centinela del cerebro, como diría William Shakespare.
Es un proceso estudiado a lo largo de los años y que, sin embargo, aún hoy es imposible explicar cómo se organiza “sola” la información que allí se alberga. Siempre estuvo allí, es natural del hombre y, sin embargo, no podemos definirla en su totalidad.
Hay quienes dicen que poseen lo que se llama “memoria selectiva” y que, a mi entender, no es más que desechar aquellas situaciones no gratas, no satisfactorias o que generan un malestar. Esto es imposible; la memoria está ligada íntimamente con nuestros sentimientos y nuestras emociones pero es arbitraria y se limita a cumplir con su misión: llenarse de toda la información que provenga del exterior o del interior de la persona (como ser reflexiones). Quitar de la memoria algún hecho o una imagen de un objeto es un trabajo arduo para nuestro cerebro y el ser humano por sí solo no es capaz de lograrlo.
Es delicioso y satisfactorio cuando recordamos rápidamente un objeto o una situación, sea porque es una imagen (sonora, visual o sensorial entre otras) reciente y la memoria la alberga en la “capa” más cercana al consciente o, por el contrario, está alojada en una de las capas más lejanas pero que guarda una significación importante para nosotros. Un ejemplo de esto último podría ser que nos acordamos de la música que sonaba en la fiesta cuando nuestra pareja nos propuso bailar. 
Sobre el tema de las “capas” de la memoria voy a detenerme lo suficiente como para que se comprenda del todo mi imagen de lo que es la memoria.
En un extremo de nuestro cerebro se encuentra la conciencia y en el otro nuestro inconsciente. La memoria sería como una esponja que roza estos dos extremos sin tocarlos y que percibe en sus lados laterales las emociones o las sensaciones que se unen a un hecho o un objeto determinado.
Sucede que cuando la información ingresa a esta esponja puede tener dos destinos: o bien se queda cerca del consciente por ser necesaria en lo cotidiano, o va atravesando las capas hasta llegar a la más próxima al inconsciente –que es la que más se resiste a “prestarnos” datos de manera inmediata-.
Pero, como toda esponja, también ocurre que algunas imágenes les ceden su lugar a otras y allí es cuando decimos que ocurre el olvido.
Desde San Agustín, que en sus Confesiones da su punto de vista de la memoria y el olvido, nos encontramos con una dificultad básica: si el olvido es la carencia de memoria, ¿cómo sabemos qué es olvido? No puede ser que lo adquiramos experimentándolo, porque si esto fuese así, lógicamente lo “olvidaríamos”. Resulta que es innato en el ser humano, como la memoria, y aún es un hecho inexplicable cómo tenemos conocimiento acerca de lo que es.
De igual manera no existe un olvido total de las cosas, solamente se alojan en la capa más cercana al inconsciente y, sólo accediendo a él, podemos rescatar la información que ni siquiera sabíamos que continuábamos albergando.
En muchas ocasiones intentamos recordar y no lo logramos hasta que pasa un tiempo, y esto se debe a que la memoria almacena de manera organizada las imágenes que a ella llegan: por un lado están los olores, los relacionados a experiencias agradables y a experiencias desagradables; las imágenes visuales, igualmente divididas; y así sucesivamente. De esta manera, el ser humano envía aquella información que le genera malestar hacia las capas más cercanas al inconsciente para no tenerlas presentes cotidianamente; aunque, también sucede que la memoria “decide” ella misma qué datos quedan en qué extremo de ella.
En resumen, la memoria es una facultad del ser humano de inmensa utilidad y complejidad, gracias a ella podemos entablar conversaciones, establecer relaciones y desarrollarnos como persona, entre otras cosas; y, el olvido, inmensamente relacionado con la memoria, significa la ausencia de ésta, a veces por un tiempo prolongado y otras con duración más breve. 

jueves, 19 de abril de 2012

¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos?. (P.II)


Día 2
Esto es absolutamente increíble, me quedé dormida. Quiero que alguien me explique por qué cada vez que hay algo que me importa me quedo dormida. Encima llamó Valentino, me quería ver.
Por suerte Olga me dijo que puedo cubrir el turno de la tarde-noche. (Dije “por suerte”… sí, estoy afectada.)
Acabo de volver del Burger King, me encontré con Valentino. Así que paso a describir todo lo que sucedió en esas horas.
“-¿Hola?
-Habla Valentino ¿Cómo estás? – me dijo con voz despreocupada, aunque yo sabía que estaba nervioso.
-Bien ¿Pasó algo?
-No, nada, quiero verte. Hoy a las 12 en el Burger de siempre ¿te parece?
-Bueno, nos vemos ahí
-Esperá, ¿dejaste de trabajar? Salías a las 2 de la tarde…
-No intentes controlarme Valentino, hoy trabajo en otro turno. Nos vemos. Beso
Juro que muy pocas cosas me resultaron tan difíciles como controlarme de la manera en que lo hice cuando escuché su voz; tenía ganas de gritarle, de llorar y de suplicarle una buena explicación, pero, como ven, fui más fuerte.
A las 11.59 ya estaba en el dichoso centro de comida rápida que ahora Valentino arruinaba. Punto para él.
Lo vi llegar y lo primero que pensé fue lo lindo que estaba, como cuando nos conocimos, como cuando me dio mi primer beso, como cuando lo hicimos por primera vez los dos o como cuando me dejó plantada en el Starbucks para después desaparecer. Porque es así, Valentino siempre fue el más lindo, y sinceramente nunca entendí cómo me eligió a mí. Usaba el pelo negro azabache lo suficientemente largo como para atárselo en una colita, ojos color verde esmeralda y un lunar en la mejilla izquierda que le daba un “no sé qué” a toda su persona. Es alto pero no flacucho, siempre tuvo sus brazos marcados y una leve pancita. Todo un galán.
Nos saludamos con un beso en el cachete demasiado frío y nos dirigimos a las cajas para pedir nuestros menús: él dos Whoopers y yo un Combo Italiano con papas y gaseosas agrandadas; pagó él.
Encontramos lugar, demasiado rápido para mi gusto, y nos sentamos uno frente al otro. Yo seguía en mi papel de difícil así que procedí a desenvolver mi hamburguesa mientras le dije:
-¿Necesitas algo de mí que apareciste así de la nada?
-Sos más linda cuando te ponés en dura…
-Gracias…¿entonces?
-Bueno, te voy a contar que anduve de viaje por problemas con la empresa de mi viejo…y no te pude sacar de mi cabeza…ni a vos ni a…
-Si hablás por tu hijo, tranquilo, no existe. – lo interrumpí con tono malicioso
-Ah…igual…pensé mucho en ese viaje…fui a Moscú a visitar a un importante empresario amigo de mi familia…y él tiene 18 hijos
-…
-Si no te interesa, contame vos qué estuviste haciendo…
-Me interesa saber a dónde va la historia de tu viaje, yo te estuve buscando para decirte que eras un idiota por escaparte, que no eras papá y nada más…
-¿Me dijiste idiota?... No me escapé, tuve que viajar…
-Claro, sin avisarme nada…en ese momento éramos novios.
Ya había dejado mi hamburguesa a un lado y comía nerviosa y provocativamente las papas fritas; él se había comido una Whooper y estaba por abrir la otra cuando le dije eso.
-Está bien, estuve mal. Soy un inmaduro, pero no quise escaparme...o sea, no iba a desaparecer para siempre, te das cuenta que volví y no después de nueve meses…
-No, después de tres semanas…todo un gesto. Valentino andá al grano. Sabés que estoy enojada y mis motivos son muy bien fundamentados. Un hombre no tiene esas reacciones.
-Te amo, eso es lo que pasa. Y teníamos toda una vida planeada juntos, nos íbamos a casar, íbamos a viajar o a cumplir sueños. Después de eso venían los hijos. Fue un golpe para mí, pero no pensaba dejarte ni mucho menos…necesitaba un tiempo para acomodar mis ideas…
-Me amás y me dejás en un momento crucial, en el momento en el que tendría que decirle a mis viejos que me mandé una cagada, en el momento en el que hubiera tenido que organizar mi vida para mi hijo…eso no es amor.  ¿Para eso me llamaste?
-Sí, y para reconquistarte. Te conozco y sabía que ibas a estar así de enojada…
-Te perdono Valentino, porque entendí que no tenés 21 años, tenés 15; así que es una reacción normal para alguien de tu edad. Y no hace falta conocerme para saber cómo iba a estar, a nadie le gusta el abandono.
-¿Me odiás? – fue en este momento en el que empecé a sentirme mal, y me odio por ser tan buena persona: los ojos se le estaban poniendo llorosos y le temblaban las manos.
-No…- y se me cayó una lágrima.
-No me gusta que llores…
-Bueno, entonces me voy. Tengo que trabajar además. Me alegra que estés bien.
-Te llevo
Una alerta en mi mente me decía “NO ACEPTES” pero, como casi siempre en mis decisiones, opté por ignorar esa señal y accedí al favor.
Sobre este punto quiero aclarar que el hotel en donde soy subgerente está ubicado en el centro de la Capital, así que el viaje con Valentino duró alrededor de una hora y media (de la que lloré 30 minutos en silencio).
-¿Ya pasó?
-Nunca va a pasar, y me arrepiento de haber venido con vos. Me hacés mal.
-Bien. Perdón. Te traje algo. Abrí la guantera…pensé que todo iba a salir mejor de lo que salió…
-¿Y si no quiero saber qué me trajiste?
-Dale, sé que querés. Estoy manejando.
Cuando abrí la guantera de la camioneta un paquetito cayó en mis piernas. Lo sostuve un momento mirándolo con recelo hasta que mis manos comenzaron a romper el envoltorio.
Lo primero que pensé fue que todo había sido un sueño o que alguna persona me estaba jugando una broma, porque ¿qué me había traído? un anillo precioso con una gema en cuyo interior se leía “I love you”.
-¿Te gusta?
-El anillo me encanta, tu actitud es un asco. – y de nuevo cayeron las lágrimas.
-Te dije que pensé que todo iba a salir mejor; tenía esa ilusión porque…porque…no sé, te amo y me niego a perderte…si no lo querés…está bien…
-Me lo quedo, pará acá que me tomo el colectivo.
-Está bien, mañana te llamo…te amo – me dijo mirándome suplicante por una respuesta
-Nos vemos, gracias por todo.”
Y ahí lo tienen, dando la nota como de costumbre. Por suerte llegué más temprano al trabajo y pude hablar con una muy buena amiga, Vanessa. Le conté el episodio en el Burger, le mostré el anillo y hasta que no paré de llorar se mantuvo callada; después me retó por haber accedido, se arrepintió y me felicitó porque las mujeres tienen que ser valientes y por último me recordó que “él” estaba en el hotel y que cualquier cosa mala que me pasara no se comparaba con la satisfacción de tenerlo cerca. Tenía razón, en un punto. Porque vamos, las cosas malas y negativas pesan mucho más que las lindas y positivas.
Me estaba poniendo el chaleco azul francia que me queda por la cintura y tiene un cartelito dorado con mi nombre, cuando Olga entró a lo que sería el vestuario y me advirtió que era la única y última vez que me cambiaba el turno. No respondí nada, mis ojos todavía estaban húmedos, mi nariz enrojecida y mi garganta trabada. Ella se dio cuenta y por primera vez desde que la conocí pareció apiadarse de mí y me dio dos palmaditas en el hombro, como un empuje hacia mi lugar de trabajo. Olga logró mi primera sonrisa de hoy.
Para esto eran las cuatro de la tarde y recién empezaba mi turno, que sería hasta las diez de la noche hipotéticamente. En las primeras horas me dediqué a los controles de rutina: quién faltó, por qué, qué hizo aquél, qué no hizo, quién hizo de más, qué opiniones tienen los clientes, qué falta en tal habitación, qué sobra en la otra…en fin, puras planillas aburridas y que exigen trabajo mecánico, como si fuera una máquina de poner “tics” y “cruces” al lado de los nombres o anotar frases claves como “alfombra sucia “o “menú de la merienda exitoso”. No subestimo a ningún gerente de hotel, pero en lo que a mí respecta, me gusta mucho más cuando puedo permitirme acercarme a las personas y conversar un poco con ellas.
Eso es lo que hice durante la cena (21.30 hs). Una pareja de ancianos muy simpáticos me invitó a sentarme a su lado ya que la gente suele bajar a las 22 hs y se sentían solos; accedí muy amablemente y conversamos sobre el hotel, sobre la ciudad, los espectáculos, las mascotas en los hoteles…y acerca del amor. Los envidié en ese momento, y quizás ahora un poco también, porque estaban tan alegres por estar en presencia del otro y yo me sentía muy desdichada. Me desahogué con mis nuevos amigos, les conté lo importante de mi relación amorosa con Valentino y me dijeron una frase que volvió a sacarme una sonrisa: “Querida, sos tan joven, tan bonita… dale a cada cosa la importancia que merece, permitite soñar y cumplir tus sueños…”. Cuando les iba a preguntar qué tenía que ver eso con mi dramática y decadente situación amorosa se escuchó el barullo de la multitud que bajaba a cenar; le cedí el asiento a un hombre que parecía llevarse bien con Elsa y Fernando (la parejita anciana) y saludé a todos los que se sentaban en la mesa. En seguida noté que alguien faltaba.

martes, 6 de marzo de 2012

¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos?

“¿Alguna vez pensaste que te podía pasar a vos?” mi respuesta es siempre “por supuesto que no, fue algo totalmente inesperado y maravilloso”. Y es mentira, siempre supe que me iba a suceder, de alguna manera la vida me daba indicios.
Escribo esto a modo de diario porque tengo la sensación de que genera más impacto, de que le otorga a la historia mucho más realismo aunque omití el detalle de las fechas y algunos sucesos demasiado secundarios. Temía que desviaran la atención hacia la historia principal, aunque eso, es prácticamente imposible.
Mi intención no es escribir una gran novela ni un best seller, sino plasmar la unión de dos caminos que aparentaban tan distanciados como lo estamos de volver a ser Adán y Eva. Estoy cumpliendo con un pedido demasiado romántico como para negarme.
Pónganse cómodos, siéntense, recuéstense, colóquense en la posición que más les guste, porque lo que van a comenzar a leer los mantendrá alertas, emocionados, atrapados y, sobretodo, sorprendidos.


Julio, 2008
Día 1
Hoy me levanté con malhumor. Y cómo no estar amargada, hace semanas que intento localizar a Valentino y no hay caso, ¡desapareció! Lo peor de todo es que al final ayer me dieron los resultados de los análisis y dio negativo y hoy a la mañana mi cuerpo me dio otro negativo asi que…se escapó por algo que no existía…todavía no puedo creerlo y lo busco por todos lados para decirle a la cara lo mucho que lo odio, lo infantil que me parece y desearle el peor mal de los males seguido de un cachetazo; pero no va a pasar, su padre multimillonario y con una personalidad muy parecida a la de él (por no decir igual) le habrá comprado una isla en Europa y ahora lo abanican mujeres sexys. Pobre de él, tiene una vida muy sacrificada.
Aparte hoy empieza la temporada de vacaciones de invierno y, seguramente, Olga va a querer que me quede unas horas más porque soy la más eficiente…no soy la mas eficiente, soy la más joven.
En fin, esto de escribir me ayuda mucho, el Señor Grillas me lo recomendó en la terapia y funciona, ya que después de soltar el papel me siento con menos carga sobre mi espalda de 18 años. ¡Gracias doctor! Ahora me voy a trabajar y cuando vuelva seguiré escribiendo con mal humor, nada bueno puede pasarme… o quizás sí, no voy a volver a escribir mi sueño desde que soy una nena, pero voy a volver a afirmar que sí, que me puede pasar.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

OK, estoy muy exaltada, estoy tensa, feliz, no dejo de sonreír y mirar a todos como si alguien me hubiera regalado una vida perfecta embotellada lista para usarse.
Me quedé DOS horas fuera de mi horario, el hotel era un caos y la gente no dejaba de acercarse al mostrador para pedir las llaves de su habitación, para quejarse del color de la sábana, para felicitarme por el trabajo o para preguntarme si las paredes eran a prueba de ruidos.
Siempre con cara de póker respondía a los clientes con lo que solicitaban o simplemente agradecía, hasta que llegó al frente un muchacho que yo venía observando desde hacía rato, se movía ansioso en su lugar en la fila con el rostro tapado, ya que llevaba una boina demasiado grande para él color verde oliva.
“Hola, habitación 08… por favor” dijo con voz extraña; como yo seguía sin saber quién me hablaba (y por cuestiones de seguridad  y curiosidad) le expliqué que por políticas del hotel yo debía ver el rostro y el pasaporte. Pareció incomodarlo e impacientarlo porque me extendió abruptamente el visado al tiempo que levantaba un poco la cabeza…No podía creerlo, era él, lo tenía adelante bufando porque seguramente lo que menos quería era ser descubierto y yo estaba interfiriendo en su plan. No pude evitar sonreír y mirarlo mientras le extendía la llave de la habitación 08.
Eso es todo por hoy, está en el hotel, y si fuera por mí trabajaría las 24 horas. Me taladra la cabeza miles de preguntas, para qué vino, cuánto se queda, ¿volveré a verlo? Es la segunda vez que estoy cerca de él, me considero muy afortunada.

domingo, 4 de marzo de 2012

Gritar en silencio

Cuando te das cuenta que tus sospechas son confirmadas y realmente no querías que así fuera en el pecho nace una criatura de una especie, hasta para entonces, desconocida.
¿Por qué yo? ¿Por qué ahora? ¿Por qué ella? ¿Por qué él? ¿Por qué ellos? Y la criatura solo te sabe contestar con protestas, con improperios, con gruñidos, llantos y gritos. 
Está gritando en silencio y escasas personas se dan cuenta porque tiene que ser así, porque como alguien le dijo no tiene nada que ganar, ni nada que perder. No le corresponde y acá está, con el cuerpo agazapado encerrando intensas ganas de saltar, de soltar cada palabra que tiene contenida.
Es tan grande el afecto que le tiene, tanta estima le tuvo alguna vez que ver todo eso desplomarse enoja y entristece aún más al bichejo del pecho. Si tiene tantas ganas de ir corriendo, llorando y preguntarle qué es lo que pasa..¿por qué no puede? Sabe una causa: en el mismo momento en el que la miraría con afecto la estaría matando con las manos...nada más feo que estar completamente controlado por sentimientos tan opuestos.
Sólo espero que ella sepa controlar la situación, que no desborde a causa de la criatura que cada minuto que pasa le pide acción. 


"Lo único que quiero saber es por qué, y lo peor del caso es que no va a saber explicarme NADA; quién podría...'somos todos humanos, a todos nos pasa'...pero igualmente....él no se lo merece para nada, no hay pero que valga y ella (vos) igualmente lo hace....es increíble.
En algún momento voy a soltarme, voy a dejarme ser y no va a haber retorno. Va a ser muy tarde.
Por el otro lado esta él, no puedo decir más que palabras no gratas, así que para qué gastarme, me gustaría poder gritarle (sí, gritarte...) infinidades de cosas, que me conteste todas las preguntas sin una excusa o una respuesta sin contenido. Para él tambien, (sí para vos también) hay algo que espera."